Las urgencias neurológicas son condiciones que afectan de manera repentina o grave el cerebro, la médula espinal, los nervios u otras estructuras del sistema nervioso. Entre ellas pueden encontrarse accidentes cerebrovasculares, traumatismos craneoencefálicos, hemorragias intracraneales, convulsiones prolongadas, infecciones del sistema nervioso, compresión de la médula espinal y aumento de la presión intracraneal. Estas situaciones requieren evaluación médica inmediata debido al riesgo de deterioro neurológico.

Los signos de alarma pueden incluir pérdida de conciencia, debilidad o entumecimiento repentino de un lado del cuerpo, dificultad para hablar, alteraciones súbitas de la visión, convulsiones, confusión intensa, pérdida del equilibrio, dolor de cabeza abrupto y muy intenso, vómitos repetidos o incapacidad para mover una extremidad. Ante cualquiera de estos síntomas se debe acudir de inmediato a un servicio de urgencias.
La evaluación puede incluir revisión de los síntomas, exploración neurológica, medición de signos vitales y análisis de antecedentes clínicos. Dependiendo del cuadro, pueden solicitarse tomografía, resonancia magnética, angiografía, electroencefalograma, análisis de laboratorio u otros estudios. El objetivo es identificar rápidamente la causa del deterioro y determinar si se requiere tratamiento médico, intervención quirúrgica, vigilancia intensiva o traslado a otro servicio.
El accidente cerebrovascular puede producirse por la obstrucción o ruptura de un vaso sanguíneo cerebral. Los síntomas pueden incluir debilidad facial, dificultad para levantar un brazo, alteraciones del habla, pérdida de visión, desequilibrio o dolor de cabeza repentino. La atención no debe retrasarse, ya que algunos tratamientos solamente pueden considerarse dentro de determinados periodos y después de confirmar el tipo de evento mediante estudios de imagen.
Los traumatismos en la cabeza pueden producir contusiones, fracturas o acumulaciones de sangre dentro del cráneo. Algunas personas presentan síntomas inmediatamente, mientras que otras desarrollan dolor de cabeza, somnolencia, confusión, vómitos, debilidad o alteraciones de la conducta horas o días después. La valoración permite identificar lesiones como hematomas epidurales, subdurales o hemorragias cerebrales y determinar si requieren observación o tratamiento.
El hematoma subdural es una acumulación de sangre entre la duramadre y la superficie cerebral. Puede aparecer después de un traumatismo, especialmente en personas mayores o en quienes utilizan medicamentos que afectan la coagulación. El tratamiento depende del tamaño del hematoma, los síntomas y la presión ejercida sobre el cerebro. Algunos casos pueden mantenerse en vigilancia, mientras que otros requieren drenaje o evacuación quirúrgica.
La hidrocefalia aguda ocurre cuando el líquido cefalorraquídeo se acumula y aumenta la presión dentro del cráneo. Puede provocar dolor de cabeza, vómitos, somnolencia, alteraciones visuales, confusión o pérdida de conciencia. El tratamiento depende de la causa y puede incluir drenaje temporal, colocación de una derivación, procedimientos endoscópicos u otras medidas para controlar la presión y restablecer la circulación del líquido.
Una convulsión prolongada o la repetición de crisis sin recuperación completa de la conciencia constituye una emergencia. La atención inicial busca controlar la actividad convulsiva, proteger la respiración e identificar posibles causas, como alteraciones metabólicas, infecciones, traumatismos, intoxicaciones o enfermedades neurológicas. El tratamiento suele ser médico y hospitalario. Los procedimientos quirúrgicos solamente se consideran en situaciones seleccionadas después de una evaluación especializada.
Algunos tumores cerebrales pueden producir edema, sangrado, convulsiones, hidrocefalia o aumento de la presión intracraneal. Estas complicaciones pueden causar deterioro repentino y requerir medicamentos, drenaje, biopsia, cirugía u otras medidas. La decisión depende de la ubicación de la lesión, el estado neurológico y los resultados de los estudios de imagen.
Las lesiones de la columna pueden convertirse en una urgencia cuando producen compresión de la médula espinal o de las raíces nerviosas. Los signos de alarma incluyen debilidad progresiva, pérdida de sensibilidad, dificultad para caminar, pérdida del control de la vejiga o el intestino y entumecimiento en la región perineal. Estas manifestaciones requieren atención inmediata y pueden necesitar descompresión quirúrgica.
La cirugía puede considerarse cuando existe una lesión que amenaza la vida o la función neurológica, como una hemorragia con efecto de masa, compresión cerebral, hidrocefalia aguda, fractura inestable o compresión de la médula espinal. El procedimiento puede incluir drenaje, craneotomía, descompresión, reparación vascular, estabilización de la columna u otra técnica. La elección depende de la estabilidad de la persona y de las características de la lesión.
En determinados casos pueden utilizarse técnicas endoscópicas, sistemas de navegación, accesos pequeños u otros procedimientos mínimamente invasivos. Sin embargo, estas técnicas no son adecuadas para todas las emergencias. La prioridad es controlar la causa del deterioro de forma segura, incluso cuando sea necesario realizar un procedimiento abierto o de mayor extensión.
Los riesgos dependen de la enfermedad, el estado neurológico, el tiempo transcurrido y el tratamiento requerido. Pueden incluir sangrado, infección, convulsiones, alteraciones neurológicas, complicaciones anestésicas, discapacidad permanente o necesidad de procedimientos adicionales. La atención temprana puede mejorar las posibilidades de tratamiento, pero no garantiza una recuperación completa.
La recuperación varía según la causa, la gravedad del daño y la respuesta al tratamiento. Algunas personas pueden recuperarse progresivamente, mientras que otras requieren rehabilitación física, ocupacional, cognitiva o del lenguaje. El seguimiento puede incluir estudios de imagen, ajuste de medicamentos y valoración de la capacidad para caminar, comunicarse y realizar actividades cotidianas.
En CDMX existen servicios hospitalarios con atención de urgencias, diagnóstico por imagen y manejo de enfermedades neurológicas. Ante síntomas repentinos o graves, se debe acudir al servicio de urgencias más cercano o solicitar asistencia de emergencia. No se debe esperar una consulta programada ni utilizar información en internet para retrasar la valoración presencial.